A días de cumplir un año como presidenta del Partido Humanista, la dirigente hace un sincero análisis de estos 12 meses que, a su juicio, heredan un desafío mayor para el futuro del Juntos Podemos: consolidar un pacto que les rearticule y no llegar divididos a las próximas elecciones municipales. “No hay otro camino si la izquierda quiere incidir por su propio peso en la escena política y social del país”, precisa.
La fuerza que ha adquirido el movimiento social, así como un Transantiago y un gobierno que no andan son algunos de los sucesos que para la Presidenta del Partido Humanista, Marilén Cabrera Olmos, no pasan inadvertidos a la hora de evaluar lo que fue este 2007. Aunque al conversar con ella en la sede de calle Livingstone 72, es posible dar cuenta de otros temas a los que también pasa revista. El 3 de enero próximo cumplirá un año a la cabeza de la colectividad y tiene clara la tarea pendiente: trabajar en superar las profundas diferencias al interior del Juntos Podemos, afianzando un pacto de Izquierda que reafirme su unidad para no llegar divididos a las elecciones municipales que se vienen en el 2008.
Marilén, ¿qué aspectos positivos rescataría de este 2007?
-Sin duda, el fortalecimiento del movimiento social que comienza a aparecer como un actor relevante en la escena nacional. Si el año pasado fueron los secundarios, este año los trabajadores forestales y los trabajadores subcontratistas del cobre mostraron que con unidad, inteligencia y movilización es posible avanzar en la conquista de sus derechos. En ambos caso se obligó en los hechos, y por la movilización callejera, al gobierno y a los propios privados, a realizar una negociación por ramas, algo inédito y que en la discusión académica o política se descartaba de plano.
¿Y si tuviéramos que centrarnos en lo más negativo?
-Obviamente el símbolo del año 2007 es el Transantiago (TS), que sintetiza con nitidez el carácter del actual gobierno. Ha quedado meridianamente demostrado que lo sucedido con el TS no es un error o una equivocación, sino que fue diseñado expresamente con menos de 5.000 buses, lo que implicaba necesariamente que éstos circularían repletos de gente y un Metro funcionando a capacidad máxima. Y ese diseño obedeció a la necesidad de priorizar la rentabilidad de los privados, el negocio, por sobre la dignidad de los usuarios.
Además, se entregó todo el sistema de recaudación de los dineros a un consorcio conformado por los mas importantes bancos del país y una empresa de informática con importantes vínculos con el gobierno y la derecha, tal como señaló el propio Presidente de Sonda, Andrés Velasco, quien se sintió “dolido” por ser criticado por quienes él mismo apoyó financieramente en sus campañas políticas, creyendo que por ese apoyo económico tenía licencia para no cumplir con los contratos, desde ya muy favorables para Sonda.
Y si la Presidenta, según confesó ella misma, tuvo un pálpito que indicaba que el TS no funcionaría, finalmente fue convencida por los tecnócratas que la carga se arreglaría en el camino. Pues bien, la “carga”, en este caso, son los millones de santiaguinos que diariamente deben ocupar una micro para poder llegar a trabajar.
Al respecto, ¿qué opina de Michelle Bachelet?
-Debo confesar que en el tema de género, su presencia es gravitante, más allá de las diferencias políticas y de que encabece un gobierno neoliberal del cual nosotros somos oposición, pero me preocupa lo que sucede en su gobierno
Creo que la Presidenta es una buena persona, con intenciones de producir reformas más profundas, pero se ha encontrado con un círculo de poder que literalmente la tiene secuestrada. Ella tiene los elementos para hacerlo; su sensibilidad de mujer, su formación médica, su pasado vinculado a los DDHH, le dan el soporte necesario para dar un golpe de timón pero debe tener el valor de desmarcarse de ese anillo palaciego de neoliberales, verdaderos perros guardianes del modelo que justamente la está llevando al fracaso.
De todo lo que su figura encarnó para la gente queda muy poco: las ideas de un gobierno ciudadano, la renovación de los cuadros en el gobierno, el no repetirse el plato e incluso tema de género han quedado casi en el olvido. Sobre esto último, me preocupa algo que ha pasado desapercibido y que puede ser muy complejo: es indudable que la elección de Bachelet fue un paso importante hacia la igualdad de género, un cambio cultural que permitía avanzar incluso en la incorporación de otros sectores discriminados. Pero lo desastroso que ha sido el desempeño de su gobierno está produciendo una fuerte involución en la materia. Hoy es cada vez mas frecuente escuchar frases como “nunca más votaré por una mujer” y eso es un retroceso muy complejo.
Para los dos años que le restan, Michelle Bachelet tiene una gran disyuntiva: o sigue por la línea de profundizar este modelo neoliberal que hace agua y ya no resiste o se desmarca de los cuadros tradicionales de poder y da un golpe de timón que saque de la atonía al país, que le entregue nuevos bríos y oxigene la discusión.
¿Cuál es su percepción del gobierno y la Concertación durante este año?
-En cuanto a lo político, los grandes desaciertos del gobierno y la fuerte baja de popularidad de la Presidenta han generado un clima de descomposición interna de la Concertación y de sus partidos integrantes.
Es curiosa la coincidencia: el 26 de diciembre del año pasado el PPD expulsa a Jorge Schaulsohn, militante fundador y ex presidente de su partido; exactamente un año después, la DC expulsa a Adolfo Zaldívar, también militante fundador y ex presidente de su partido. Entremedio renuncia el Senador Flores y si a todo eso le sumamos los líos aun soterrados del PS, entonces tenemos un cuadro de descomposición importante de la Concertación aunque, para ser claros, no es de fase terminal, al menos no antes de las próximas presidenciales.
Por otro lado, en todo este cuadro, la derecha intenta -lamentablemente con cierto éxito- mostrarse como la alternativa, como los salvadores del país y los más desposeídos. En circunstancias que más allá de los desaciertos del gobierno, mas allá de las metidas de patas y de manos, el problema es de un sistema que no funciona para las grandes mayorías y el autor intelectual de este modelo es la derecha misma.
¿Y el papel de la Izquierda?
-Creo que este año 2007 fue un año complejo para la Izquierda. Más allá de pequeños avances que todos podemos mostrar, la división de la Izquierda, su ausencia de los grandes temas nacionales, justo cuando el movimiento social comienza a fortalecerse, es un retroceso para todos. Felizmente, el año culmina con un proceso de acercamientos, de conversaciones que permiten renovar las esperanzas para el 2008.
La Izquierda chilena no tiene otro camino que la unidad. Los procesos exitosos de la Izquierda latinoamericana así lo muestran: Evo Morales, Hugo Chávez, majaderamente lo repitieron una y otra vez en su visita al país. Nosotros haremos todo lo posible por rearticular el Juntos Podemos, que a pesar de la crisis y la inacción, porfiadamente aparece marcando incluso un 12% de adhesión en encuestas del propio sistema. Y eso habla del imperativo que el pueblo le coloca a las dirigencias: superar nuestras diferencias pues el adversario es poderoso y sólo a él les interesa una izquierda dividida.
¿Ve posible un pacto de la Izquierda para las municipales?
-Más que posible, creo que es un imperativo, no hay otro camino si la izquierda quiere incidir por su propio peso en la escena política y social del país. Es evidente que en determinados momentos a la Concertación o incluso a la propia derecha, les es útil “bombear” o “inflar” a uno u otro sector de la izquierda, abriendo sus medios y colocando en vitrina a algunos personeros, intentando aparecer ellos como los democráticos y pluralistas y a los otros como los excluyentes. Sabemos de ese juego y está bien aprovecharlo, pero más importante que eso, mientras la izquierda no sea capaz de tener un piso electoral en torno al 10% y no el techo como lo es hasta ahora, su inserción en la agenda nacional dependerá de otros.
Sólo cuando la izquierda se alce como un actor político relevante, encabece movilizaciones, interprete y conduzca malestares sociales como el generado por el Transantiago y logre un piso electoral de un 10% en las parlamentarias, la izquierda no dependerá de otros y será por si misma un actor político. Pero eso sólo se logra trabajando unitariamente, actuando unitariamente, movilizándose unitariamente y también presentándose unidos en los eventos electorales.
¿Y entonces por qué la izquierda sigue dividida?
-Porque aún no se superan las diferencias producidas para la segunda vuelta presidencial. Creo que todos cometimos errores y cuando esto sea asumido estaremos en condiciones de iniciar un nuevo camino unitario. El problema se suscita cuando en los análisis de cada uno de nosotros se parte viendo sólo los errores del otro y no asumiendo los propios.
Reitero que desde las lógicas que prevalecieron para la segunda vuelta, los que votamos nulo y los que llegaron acuerdo con la Concertación, cada uno puede mostrar éxitos y avances. Pero si elevamos la mirada nos daremos cuenta que la izquierda en su conjunto retrocedió y se produjo una involución, se dio un retroceso en el camino exitoso que llevaba adelante el Juntos Podemos.
Creo que para un camino unitario son necesario acuerdos explícitos en el mediano y largo plazo. El Juntos Podemos no tenia acuerdos explícitos en torno a la segunda vuelta y, para nosotros y para el propio candidato presidencial, el punto 6 del documento fundacional lo resolvía y para los otros compañeros no, y no tengo porque dudar de eso. Obviamente no haber resuelto este tema en los tiempos adecuados y haber intentado llegar a acuerdos el mismo día de la votación presidencia es un gran error de todos y no puede volver a repetirse.
¿Tomás Hirsch cumple un papel importante en ese desafío?
-Tomás ha estado ayudando fuertemente para que las diferencias se superen, ha tenido una intensa agenda nacional con visitas diarias a universidades, a regiones y muchos, pero muchos encuentros con jóvenes. Es impresionante la llegada de Tomás en los sectores juveniles y eso no podemos perderlo, ya que si la izquierda desea realmente ser opción de gobierno debe ser capaz de convocar y generar espacios para las nuevas generaciones.
Además, ha jugado un rol muy importante en los procesos de integración que se vienen gestando en nuestro continente. Su cercanía con el presidente boliviano Evo Morales, sus encuentros con los presidentes Correa y Ortega, su visita a Cuba donde se entrevistó con importante personeros del gobierno como Carlos Lage, Ricardo Alarcón o el Canciller Perez Roque, han colocado a Tomás en un dialogo con los líderes de izquierda del continente, buscando generar caminos de integración latinoamericana. Desde ahí, desde esa mirada continental, Tomás ha insistido en la necesidad que la izquierda chilena logre superar sus diferencias.
La fuerza que ha adquirido el movimiento social, así como un Transantiago y un gobierno que no andan son algunos de los sucesos que para la Presidenta del Partido Humanista, Marilén Cabrera Olmos, no pasan inadvertidos a la hora de evaluar lo que fue este 2007. Aunque al conversar con ella en la sede de calle Livingstone 72, es posible dar cuenta de otros temas a los que también pasa revista. El 3 de enero próximo cumplirá un año a la cabeza de la colectividad y tiene clara la tarea pendiente: trabajar en superar las profundas diferencias al interior del Juntos Podemos, afianzando un pacto de Izquierda que reafirme su unidad para no llegar divididos a las elecciones municipales que se vienen en el 2008.
Marilén, ¿qué aspectos positivos rescataría de este 2007?
-Sin duda, el fortalecimiento del movimiento social que comienza a aparecer como un actor relevante en la escena nacional. Si el año pasado fueron los secundarios, este año los trabajadores forestales y los trabajadores subcontratistas del cobre mostraron que con unidad, inteligencia y movilización es posible avanzar en la conquista de sus derechos. En ambos caso se obligó en los hechos, y por la movilización callejera, al gobierno y a los propios privados, a realizar una negociación por ramas, algo inédito y que en la discusión académica o política se descartaba de plano.
¿Y si tuviéramos que centrarnos en lo más negativo?
-Obviamente el símbolo del año 2007 es el Transantiago (TS), que sintetiza con nitidez el carácter del actual gobierno. Ha quedado meridianamente demostrado que lo sucedido con el TS no es un error o una equivocación, sino que fue diseñado expresamente con menos de 5.000 buses, lo que implicaba necesariamente que éstos circularían repletos de gente y un Metro funcionando a capacidad máxima. Y ese diseño obedeció a la necesidad de priorizar la rentabilidad de los privados, el negocio, por sobre la dignidad de los usuarios.
Además, se entregó todo el sistema de recaudación de los dineros a un consorcio conformado por los mas importantes bancos del país y una empresa de informática con importantes vínculos con el gobierno y la derecha, tal como señaló el propio Presidente de Sonda, Andrés Velasco, quien se sintió “dolido” por ser criticado por quienes él mismo apoyó financieramente en sus campañas políticas, creyendo que por ese apoyo económico tenía licencia para no cumplir con los contratos, desde ya muy favorables para Sonda.
Y si la Presidenta, según confesó ella misma, tuvo un pálpito que indicaba que el TS no funcionaría, finalmente fue convencida por los tecnócratas que la carga se arreglaría en el camino. Pues bien, la “carga”, en este caso, son los millones de santiaguinos que diariamente deben ocupar una micro para poder llegar a trabajar.
Al respecto, ¿qué opina de Michelle Bachelet?
-Debo confesar que en el tema de género, su presencia es gravitante, más allá de las diferencias políticas y de que encabece un gobierno neoliberal del cual nosotros somos oposición, pero me preocupa lo que sucede en su gobierno
Creo que la Presidenta es una buena persona, con intenciones de producir reformas más profundas, pero se ha encontrado con un círculo de poder que literalmente la tiene secuestrada. Ella tiene los elementos para hacerlo; su sensibilidad de mujer, su formación médica, su pasado vinculado a los DDHH, le dan el soporte necesario para dar un golpe de timón pero debe tener el valor de desmarcarse de ese anillo palaciego de neoliberales, verdaderos perros guardianes del modelo que justamente la está llevando al fracaso.
De todo lo que su figura encarnó para la gente queda muy poco: las ideas de un gobierno ciudadano, la renovación de los cuadros en el gobierno, el no repetirse el plato e incluso tema de género han quedado casi en el olvido. Sobre esto último, me preocupa algo que ha pasado desapercibido y que puede ser muy complejo: es indudable que la elección de Bachelet fue un paso importante hacia la igualdad de género, un cambio cultural que permitía avanzar incluso en la incorporación de otros sectores discriminados. Pero lo desastroso que ha sido el desempeño de su gobierno está produciendo una fuerte involución en la materia. Hoy es cada vez mas frecuente escuchar frases como “nunca más votaré por una mujer” y eso es un retroceso muy complejo.
Para los dos años que le restan, Michelle Bachelet tiene una gran disyuntiva: o sigue por la línea de profundizar este modelo neoliberal que hace agua y ya no resiste o se desmarca de los cuadros tradicionales de poder y da un golpe de timón que saque de la atonía al país, que le entregue nuevos bríos y oxigene la discusión.
¿Cuál es su percepción del gobierno y la Concertación durante este año?
-En cuanto a lo político, los grandes desaciertos del gobierno y la fuerte baja de popularidad de la Presidenta han generado un clima de descomposición interna de la Concertación y de sus partidos integrantes.
Es curiosa la coincidencia: el 26 de diciembre del año pasado el PPD expulsa a Jorge Schaulsohn, militante fundador y ex presidente de su partido; exactamente un año después, la DC expulsa a Adolfo Zaldívar, también militante fundador y ex presidente de su partido. Entremedio renuncia el Senador Flores y si a todo eso le sumamos los líos aun soterrados del PS, entonces tenemos un cuadro de descomposición importante de la Concertación aunque, para ser claros, no es de fase terminal, al menos no antes de las próximas presidenciales.
Por otro lado, en todo este cuadro, la derecha intenta -lamentablemente con cierto éxito- mostrarse como la alternativa, como los salvadores del país y los más desposeídos. En circunstancias que más allá de los desaciertos del gobierno, mas allá de las metidas de patas y de manos, el problema es de un sistema que no funciona para las grandes mayorías y el autor intelectual de este modelo es la derecha misma.
¿Y el papel de la Izquierda?
-Creo que este año 2007 fue un año complejo para la Izquierda. Más allá de pequeños avances que todos podemos mostrar, la división de la Izquierda, su ausencia de los grandes temas nacionales, justo cuando el movimiento social comienza a fortalecerse, es un retroceso para todos. Felizmente, el año culmina con un proceso de acercamientos, de conversaciones que permiten renovar las esperanzas para el 2008.
La Izquierda chilena no tiene otro camino que la unidad. Los procesos exitosos de la Izquierda latinoamericana así lo muestran: Evo Morales, Hugo Chávez, majaderamente lo repitieron una y otra vez en su visita al país. Nosotros haremos todo lo posible por rearticular el Juntos Podemos, que a pesar de la crisis y la inacción, porfiadamente aparece marcando incluso un 12% de adhesión en encuestas del propio sistema. Y eso habla del imperativo que el pueblo le coloca a las dirigencias: superar nuestras diferencias pues el adversario es poderoso y sólo a él les interesa una izquierda dividida.
¿Ve posible un pacto de la Izquierda para las municipales?
-Más que posible, creo que es un imperativo, no hay otro camino si la izquierda quiere incidir por su propio peso en la escena política y social del país. Es evidente que en determinados momentos a la Concertación o incluso a la propia derecha, les es útil “bombear” o “inflar” a uno u otro sector de la izquierda, abriendo sus medios y colocando en vitrina a algunos personeros, intentando aparecer ellos como los democráticos y pluralistas y a los otros como los excluyentes. Sabemos de ese juego y está bien aprovecharlo, pero más importante que eso, mientras la izquierda no sea capaz de tener un piso electoral en torno al 10% y no el techo como lo es hasta ahora, su inserción en la agenda nacional dependerá de otros.
Sólo cuando la izquierda se alce como un actor político relevante, encabece movilizaciones, interprete y conduzca malestares sociales como el generado por el Transantiago y logre un piso electoral de un 10% en las parlamentarias, la izquierda no dependerá de otros y será por si misma un actor político. Pero eso sólo se logra trabajando unitariamente, actuando unitariamente, movilizándose unitariamente y también presentándose unidos en los eventos electorales.
¿Y entonces por qué la izquierda sigue dividida?
-Porque aún no se superan las diferencias producidas para la segunda vuelta presidencial. Creo que todos cometimos errores y cuando esto sea asumido estaremos en condiciones de iniciar un nuevo camino unitario. El problema se suscita cuando en los análisis de cada uno de nosotros se parte viendo sólo los errores del otro y no asumiendo los propios.
Reitero que desde las lógicas que prevalecieron para la segunda vuelta, los que votamos nulo y los que llegaron acuerdo con la Concertación, cada uno puede mostrar éxitos y avances. Pero si elevamos la mirada nos daremos cuenta que la izquierda en su conjunto retrocedió y se produjo una involución, se dio un retroceso en el camino exitoso que llevaba adelante el Juntos Podemos.
Creo que para un camino unitario son necesario acuerdos explícitos en el mediano y largo plazo. El Juntos Podemos no tenia acuerdos explícitos en torno a la segunda vuelta y, para nosotros y para el propio candidato presidencial, el punto 6 del documento fundacional lo resolvía y para los otros compañeros no, y no tengo porque dudar de eso. Obviamente no haber resuelto este tema en los tiempos adecuados y haber intentado llegar a acuerdos el mismo día de la votación presidencia es un gran error de todos y no puede volver a repetirse.
¿Tomás Hirsch cumple un papel importante en ese desafío?
-Tomás ha estado ayudando fuertemente para que las diferencias se superen, ha tenido una intensa agenda nacional con visitas diarias a universidades, a regiones y muchos, pero muchos encuentros con jóvenes. Es impresionante la llegada de Tomás en los sectores juveniles y eso no podemos perderlo, ya que si la izquierda desea realmente ser opción de gobierno debe ser capaz de convocar y generar espacios para las nuevas generaciones.
Además, ha jugado un rol muy importante en los procesos de integración que se vienen gestando en nuestro continente. Su cercanía con el presidente boliviano Evo Morales, sus encuentros con los presidentes Correa y Ortega, su visita a Cuba donde se entrevistó con importante personeros del gobierno como Carlos Lage, Ricardo Alarcón o el Canciller Perez Roque, han colocado a Tomás en un dialogo con los líderes de izquierda del continente, buscando generar caminos de integración latinoamericana. Desde ahí, desde esa mirada continental, Tomás ha insistido en la necesidad que la izquierda chilena logre superar sus diferencias.